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enero 10, 2017

A una mujer



A una mujer

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón,
no hay que estar triste
si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil,
ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo
-pero por qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.

Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga,
esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía,
las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del terror y la delicia,
y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón,
cómo corren las nubes al futuro.

¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.

Salvo el crepúsculo, Julio Cortázar
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abril 05, 2016

Oda a la caja de té



Oda a la caja de té

Caja de té
de aquel
país de elefantes,
ahora costurero
envejecido,
pequeño planetario de botones,
como de otro planeta
a la casa
trajiste
un aroma sagrado,
indefinible.
Así llegó de lejos
regresando
de las islas
mi corazón de joven fatigado.
La fiebre me tenía
sudoroso
cerca del mar, y un
ramo de palmeras
sobre mí se movía
refrescando
con aire verde y canto
mis pasiones.

Caja
de latón, primorosa,
ay
me recuerdas
las olas de otros mares,
el anuncio
del monzón sobre Asia,
cuando se balancean
como
navíos
los países
en las manos del viento
y Ceylán desparrama
sus olores
como una
combatida
cabellera.

Caja de té,
como
mi corazón
trajiste
letras,
escalofríos,
ojos
que contemplaron
pétalos fabulosos
y también ay!
aquel
olor perdido
a té, a jazmín, a sueños,
a primavera errante.
 
Tercer libro de las odas, Pablo Neruda.
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junio 03, 2015

En la tumba de Eva



En la tumba de Eva

ADÁN: Dondequiera que ella estaba, allí era el Edén.
 

Mark Twain, Diarios de Adán y Eva.
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