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agosto 26, 2014

Tanka



Tomo las piedras pequeñas
del río Tikuma y las
coloco sobre mi pecho
como si fueran joyas, pues
tú caminaste sobre ellas.

Anónimo
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agosto 12, 2014

Té en el desierto



Cerca del bled de Marhnia hay tres muchachas de la montaña que se llaman Outka, Mimouna y Aicha.

Salen a buscar fortuna en el M’Zab. La mayoría de las muchachas van a Argel, o a Túnez, o vienen aquí para ganar dinero. Pero éstas quieren una cosa por sobre todas las otras. Quieren tomar té en el Sáhara.

En el M’Zab todos los hombres son feos. Las muchachas bailan en los cafés de Ghardaia, pero están siempre tristes: siguen pensando en tomar té en el Sáhara.

Pasan muchos meses en el M’Zab y ellas siguen tristes, muy tristes, porque todos los hombres son tan feos. Muy feos, como cerdos. Y no pagan a las muchachas lo suficiente para poder ir a tomar té en el Sáhara.

Un día llega un Targui alto y guapo, montando un hermoso mehari; habla con Outka, Mimouna y Aicha, les cuenta cosas del desierto, allá donde vive, del bled, y ellas lo escuchan con grandes ojos. Después les dice: “bailad para mí”, y ellas bailan. Entonces hace el amor con las tres y les da una moneda de plata a Outka, una moneda de plata a Mimouna, una moneda de plata a Aicha. Al amanecer monta su mehari y parte hacia el sur.

Desde entonces, las muchachas están muy tristes, los hombres del M’Zab les parecen más feos que nunca y sólo piensan en el Targui alto que vive en el Sáhara.

Pasan muchos meses y todavía no han ganado lo suficiente para ir al Sáhara. Han conservado las monedas de plata, porque las tres están enamoradas del Targui. Y siguen estando tristes. Un día dicen: “Acabaremos así, siempre tristes, sin haber tomada nunca té en el Sáhara. Tenemos que ir como sea, aun sin dinero.”

Reúnen todo lo que poseen, incluidas las monedas de plata, compran una tetera, una bandeja y tres vasos y toman billetes de autobús hasta el Goléa. Y al llegar allí les queda muy poco dinero y se lo dan todo a un bachhamar que va con su caravana al sur, al Sáhara.

El bachhamar les permite unirse a la caravana. Y una tarde, cuando está por ponerse el sol, llegan a las altas dunas y piensan: “Ah, ahora estamos en el Sáhara; vamos a preparar el té”. La luna se levanta, todos los hombres duermen, salvo el guardián. Sentado junto a los camellos, toca la flauta.

Outka, Mimouna y Aicha se alejan silenciosamente de la caravana con la bandeja, la tetera y los vasos. Buscan la duna más alta para contemplar desde allí todo el Sáhara. Después prepararán el té. Caminan largo rato. Outka dice: “Veo una duna más alta.”

Y van y trepan hasta la cima. Entonces Mimouna dice: “Allá veo otra. Es mucho más alta y desde allí podremos ver hasta In Salah.” Van y es mucho más alta. Pero al llegar a la cima, Aicha dice: “¡Mirad! Aquélla es la más alta de todas. Veremos hasta Tamanrasset. Allí es donde vive el Targui.” Salió el sol y siguieron andando. A mediodía tenían mucho calor. Pero alcanzaron la duna y treparon y treparon.

Cuando llegaron a lo alto estaban muy cansadas y dijeron: “Descansaremos un rato y después prepararemos el té.” Pero primero dispusieron la bandeja, la tetera y los vasos. Después se tendieron a dormir. Y entonces, muchos días después, pasó otra caravana y un hombre vio algo en lo alto de la duna más alta. Y cuando llegaron encontraron a Outka, Mimouna y Aicha; yacían en la misma posición en que se habían dormido. Y los tres vasos estaban llenos de arena. Fue así como tomaron té en el Sáhara.

Paul Bowles, fragmento de El cielo protector.
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agosto 10, 2014

Defensa de la alegría



Defensa de la alegría
                                   a trini

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 
defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegía como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y de la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

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